EL AGAPE DEL MIEDO
Aquella noche, ninguno de los daimyos pegó ojo, por angustia, y por temor de no volver a ver la luz del día.
El temor era justificable. Quien pasa la noche bajo el mismo techo que un ser, al que no le importa un comino la vida humana, debe estar alerta. Lo dicta el más básico sentido de conservación.
No obstante, la angustia, en su acepción mas literal, es una reacción física, probocada, por una sensación extraña en el paladar, o, por una idea que resulte visualmente repulsiva.
Ese fue el caso. El regalo del retorcido enfermo, que se hacía llamar: shogun, fue obligar a sus invitados a yacer, en relaciones incestuosas, con sus propias hijas y hermanas.
Hubo quien se negó de plano a aceptar la envenenada y macabra oferta. Las cabezas de cuantos lo hicieron fueron empaladas, en el patio, al rededor del magnífico estanque de las carpas. 7 estacas de bambú, coronadas por 14 ojos, 7 narices y 7 lenguas, atestiguaban que la desobediencia conducía a la muerte.
Pero, Irotada Koizumi era lo suficientemente listo como para, a pesar de todo el dolor moral que sentía, preferir el estupro, al aniquilamiento de toda su casa.
- Ten. Éste es mi obsequio de reconciliación- le espetó, burlonamente, Tokogawa Ieiasu, al señor de Ozaka- Espero que te siente bien-
Antes de irse, el shogun apostilló, malévolamente:
- Confío en que los sádicos gustos de tu hija menor, no se te atraganten-


lascosasdepepe dijo
un abrazo.
1 Febrero 2010 | 09:12 PM