LA CASA DE LOS AHORCADOS
La hacienda Mendoza era verdaderamente impresionante. Contaba con tres plantas, una baja y dos en altura, cada cual más barroca.
La planta baja estaba llena de enormes ventanales, que llenaban de luz la estancia.
Algunos, daban a la calle, siempre viva. Con pasos renovados, de niños y mayores, realizando taréas cotidianas: LLevar o traer fruta, café y pupusas del mercado, vender y comprar artesanía, en puestos ambulantes, jugar al fútbol...
Otros, daban a un patio interior, de losas rojizas y porte sombrío. Sin más vida que un viejo roble, de ramas retorcidas y nudosas, que, al instante, me atrajo.
Apartándome rápidamente de la cristalera, Juanjo me explicó que mirar a aquel árbol era peligroso, porque, colgando de él, habían acabado cuatro almas.


Rosana dijo
seto...
dramatico relato nos dejas hoy ," cuatro almas , un árbol"
simple y complejo : almas, árbol ¿ que las une ? ¿ que las aleja?
15 Noviembre 2009 | 01:23 PM