DOS PERROS DE CIUDAD
Tano y Lex salieron del albergue, camino a la catedral. no porque fueran muy devotos, sinó, para que las beatas echasen algunos céntimos a su cesta, mientras Tano rasgueaba las cuerdas de Raquel, su vieja guitarra, para sacar, poco a poco, una alegre rumba.
Entretanto, Lex se tendía en un rincón, atusándose el corto pelage gris.
A veces, el perrazo se hacía el dormido. pero era mentira. sus puntiagudas orejas siempre estaban atentas a los gorgoritos de su amo y al tintineo de las monedas.
Cuando olfateaba algo extraño,orientaba la oreja izqierda hacia el lugar de donde provenía el nuevo olor, abría uno de sus grandes ojos amarillos y, si la ocasión lo requería, se incorporaba lentamente, sobre sus cuartos traseros, dejando ver una enorme y musculosa caja torácica.
No obstante, bastaba una mirada de Tano, para que Lex volviera a su posición original.


Rosana dijo
un perro y su amo , una relación siempre muy especial
buenas letras seto
26 Agosto 2009 | 03:31 PM